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31/08/2016
Las rotaciones y el control de malezas van de la mano
El avance de malezas resistentes o de difícil control está llevando al incremento de los tratamientos con herbicidas residuales. El uso de estos productos debe estar incluido en un plan de rotaciones contemplando la concentración remanente de los herbicidas utilizados y el grado de susceptibilidad de los cultivos. Esta es la forma de evitar que se afecten los rendimientos.

El control de malezas está a la orden del día. Las compañías que desarrollan herbicidas trabajan contra reloj para desentrañar mecanismos que permitan mantener a raya a las especies que desarrollaron tolerancia o resistencia a uno o más principios activos.
Con ese marco y dependiendo del modo de acción del producto utilizado surgen decisiones de manejo de los lotes respecto de qué y cuándo sembrar. Los herbicidas foliares por lo general no generan restricciones sobre los futuros cultivos que ocuparán el lote, entre ellos se encuentran los "de contacto" -que ofrecen un rápido control de las malezas presentes- y los "sistémicos" -que son absorbidos por la planta y luego traslocan por su interior afectando sus zonas de crecimiento y/o de reservas.

Pero en el caso de los herbicidas "residuales" el producto queda en el suelo permitiendo que su acción se mantenga con posterioridad a la aplicación y durante el ciclo del cultivo siguiente, lo que puede causar dificultades al momento de la emergencia de las plántulas. Esa residualidad, o carryover, provocada por algunos principios activos utilizados en el control de malezas, se mide por el tiempo que el herbicida permanece en el suelo en concentraciones fitotóxicas para las plantas. Al respecto, Francisco Bedmar -de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata- señala que "la importancia de la residualidad está determinada por el período de tiempo en el que se mantiene el efecto de control de malezas, de los efectos posteriores sobre los cultivos y de la potencial contaminación del agua subterránea".

El especialista indica que la persistencia fitotóxica o residualidad está determinada por el tipo de herbicida utilizado, por las características del suelo y por las condiciones ambientales. A la vez que existen cultivos agrícolas, como el girasol, que son más sensibles que otros a los herbicidas residuales, inclusive a los recomendados para el mismo cultivo.

Bedmar explica que las familias de principios activos más problemáticas por su residualidad son las sulfonilureas, cuyos íconos son el metsulfuron y el clorimuron. El experto agrega que "si se quiere sembrar girasol no habrá que usar estos herbicidas en los barbechos anteriores y en el caso de usar diclosulam no se podrá sembrar este cultivo durante los dos años posteriores a la aplicación".
Desde el equipo que integra el servicio técnico de Nidera aclaran que los herbicidas como las sulfonilureas se degradan principalmente por hidrólisis ácida. Cuando el pH del suelo es menor a 6.8 se acelera la degradación, al igual que ocurre con el incremento de las precipitaciones y temperaturas. También existe la degradación por microorganismos.

En el caso del metsulfuron, el efecto de "carryover" en dosis bajas (5-7 gr/ha) y en condiciones de buena temperatura, lluvias y pH de suelo menor a 8, no dura en promedio más de 60 días para soja. En maíz, el período de restricción puede ser mayor, de hasta 5 mes o más, dependiendo de dosis, pH y condiciones climáticas.

En todos los casos de "carryover", y ante la duda, se aconseja el uso de "biotest" para tener certeza de que el activo se ha degradado antes de la siembra de los cultivos.
Desde el servicio técnico de Nidera insisten en seguir las intervenciones realizadas en cada lote contemplando también las precipitaciones y temperaturas ocurridas entre la aplicación del herbicida y la siembra posterior de los cultivos. En caso de la ausencia de registros y la posibilidad de que haya acumulación de ALS en los lotes es importante considerar la elección de variedades de soja con tecnología STS para evitar pérdidas de rendimiento.
Bedmar agrega otras estrategias para impedir o atenuar los problemas derivados de la residualidad de los herbicidas. En primer lugar enfatiza la necesidad de realizar convenios de alquiler de los lotes en los que queden asentadas las aplicaciones anteriores de herbicidas residuales. También remarca que se deben respetar las dosis aprobadas y las restricciones sobre las rotaciones de cultivos ("a mayor dosis, mayor residualidad", dice Bedmar), a la vez que al planificar las aplicaciones de herbicidas se deben tener en cuenta los cultivos futuros que se sembrarán en el lote.

Otros aspectos destacados por Bedmar pasan por considerar las condiciones climáticas -especialmente lluvias y temperaturas- entre la aplicación de los herbicidas y la siembra posterior de los cultivos. También indica que "se deben rotar los modos de acción de los herbicidas para impedir el incremento de la acumulación" (stacking). Por último señala que se debe tener en cuenta la posibilidad de laboreo para `diluir` el herbicida, la siembra de cultivos tolerantes y la realización de bioensayos o análisis químicos para conocer la situación de cada lote.

De Norte a Sur
La problemática de las malezas se distribuye por toda el área agrícola del país. En una edición especial sobre malezas publicada en La Nación, tres especialistas de tres importantes regiones productivas analizan el uso de herbicidas residuales para cada situación.

Diego Ustarroz, especialista del INTA Manfredi, señala que "las malezas que mayores problemas están generando en la provincia de Córdoba son las gramíneas con resistencia al glifosato y en los últimos años se sumó un fuerte incremento de la presencia de yuyo colorado con resistencia a glifosato y a los herbicidas inhibidores de la enzima ALS que son muy utilizados para el control de gramíneas. Esto llevó a que la utilización de herbicidas residuales haya cambiado mucho a partir de las últimas campañas y seguirá esa tendencia en los próximos años".

Marcelo de la Vega, de la Universidad Nacional de Tucumán, considera que por las condiciones climáticas la problemática de las malezas en el NOA "es sensiblemente mayor que en el resto de las regiones agrícolas". Respecto de la utilización de herbicidas residuales, el especialista señala que "actualmente alrededor del 55 al 60% de la superficie agrícola del país es tratada con estos productos". Y agrega que "esto en general se va a incrementar y en el caso de nuestra región una de las causas es el aumento de la presencia de Amaranthus palmeri en los lotes".

Para el sur de la provincia de Buenos Aires, Ramón Gijón señala que el mayor problema de malezas es el raigrás con resistencia a herbicidas. "Sabemos que esta maleza adquiere resistencias múltiples y por eso a nivel mundial es la que ofrece mayor problemática", dice el técnico. "Los lotes con mayores problemas de esta región son aquellos en los que hubo rotaciones con cultivos de gruesa, es decir que se mantuvieron diez o quince años con trigo sobre trigo, o cebada".
Gijón explica que "en los últimos años estamos probando programas de control que incluyen la aplicación de herbicidas residuales, aplicados en presiembra de los cultivos de trigo y cebada, y después se completa el control con graminicidas específicos de los cereales de invierno como pueden ser los inhibidores de ALS".

"Al incluir un herbicida residual -agregó- logramos un control anticipado y de mayor contundencia a la vez que nos da la posibilidad de introducir otros modos de acción para manejar la resistencia a graminicidas".

31/08/2016

Las rotaciones y el control de malezas van de la mano

El avance de malezas resistentes o de difícil control está llevando al incremento de los tratamientos con herbicidas residuales. El uso de estos productos debe estar incluido en un plan de rotaciones contemplando la concentración remanente de los herbicidas utilizados y el grado de susceptibilidad de los cultivos. Esta es la forma de evitar que se afecten los rendimientos.

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El control de malezas está a la orden del día. Las compañías que desarrollan herbicidas trabajan contra reloj para desentrañar mecanismos que permitan mantener a raya a las especies que desarrollaron tolerancia o resistencia a uno o más principios activos.
Con ese marco y dependiendo del modo de acción del producto utilizado surgen decisiones de manejo de los lotes respecto de qué y cuándo sembrar. Los herbicidas foliares por lo general no generan restricciones sobre los futuros cultivos que ocuparán el lote, entre ellos se encuentran los "de contacto" -que ofrecen un rápido control de las malezas presentes- y los "sistémicos" -que son absorbidos por la planta y luego traslocan por su interior afectando sus zonas de crecimiento y/o de reservas.

Pero en el caso de los herbicidas "residuales" el producto queda en el suelo permitiendo que su acción se mantenga con posterioridad a la aplicación y durante el ciclo del cultivo siguiente, lo que puede causar dificultades al momento de la emergencia de las plántulas. Esa residualidad, o carryover, provocada por algunos principios activos utilizados en el control de malezas, se mide por el tiempo que el herbicida permanece en el suelo en concentraciones fitotóxicas para las plantas. Al respecto, Francisco Bedmar -de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata- señala que "la importancia de la residualidad está determinada por el período de tiempo en el que se mantiene el efecto de control de malezas, de los efectos posteriores sobre los cultivos y de la potencial contaminación del agua subterránea".

El especialista indica que la persistencia fitotóxica o residualidad está determinada por el tipo de herbicida utilizado, por las características del suelo y por las condiciones ambientales. A la vez que existen cultivos agrícolas, como el girasol, que son más sensibles que otros a los herbicidas residuales, inclusive a los recomendados para el mismo cultivo.

Bedmar explica que las familias de principios activos más problemáticas por su residualidad son las sulfonilureas, cuyos íconos son el metsulfuron y el clorimuron. El experto agrega que "si se quiere sembrar girasol no habrá que usar estos herbicidas en los barbechos anteriores y en el caso de usar diclosulam no se podrá sembrar este cultivo durante los dos años posteriores a la aplicación".
Desde el equipo que integra el servicio técnico de Nidera aclaran que los herbicidas como las sulfonilureas se degradan principalmente por hidrólisis ácida. Cuando el pH del suelo es menor a 6.8 se acelera la degradación, al igual que ocurre con el incremento de las precipitaciones y temperaturas. También existe la degradación por microorganismos.

En el caso del metsulfuron, el efecto de "carryover" en dosis bajas (5-7 gr/ha) y en condiciones de buena temperatura, lluvias y pH de suelo menor a 8, no dura en promedio más de 60 días para soja. En maíz, el período de restricción puede ser mayor, de hasta 5 mes o más, dependiendo de dosis, pH y condiciones climáticas.

En todos los casos de "carryover", y ante la duda, se aconseja el uso de "biotest" para tener certeza de que el activo se ha degradado antes de la siembra de los cultivos.
Desde el servicio técnico de Nidera insisten en seguir las intervenciones realizadas en cada lote contemplando también las precipitaciones y temperaturas ocurridas entre la aplicación del herbicida y la siembra posterior de los cultivos. En caso de la ausencia de registros y la posibilidad de que haya acumulación de ALS en los lotes es importante considerar la elección de variedades de soja con tecnología STS para evitar pérdidas de rendimiento.
Bedmar agrega otras estrategias para impedir o atenuar los problemas derivados de la residualidad de los herbicidas. En primer lugar enfatiza la necesidad de realizar convenios de alquiler de los lotes en los que queden asentadas las aplicaciones anteriores de herbicidas residuales. También remarca que se deben respetar las dosis aprobadas y las restricciones sobre las rotaciones de cultivos ("a mayor dosis, mayor residualidad", dice Bedmar), a la vez que al planificar las aplicaciones de herbicidas se deben tener en cuenta los cultivos futuros que se sembrarán en el lote.

Otros aspectos destacados por Bedmar pasan por considerar las condiciones climáticas -especialmente lluvias y temperaturas- entre la aplicación de los herbicidas y la siembra posterior de los cultivos. También indica que "se deben rotar los modos de acción de los herbicidas para impedir el incremento de la acumulación" (stacking). Por último señala que se debe tener en cuenta la posibilidad de laboreo para `diluir` el herbicida, la siembra de cultivos tolerantes y la realización de bioensayos o análisis químicos para conocer la situación de cada lote.

De Norte a Sur
La problemática de las malezas se distribuye por toda el área agrícola del país. En una edición especial sobre malezas publicada en La Nación, tres especialistas de tres importantes regiones productivas analizan el uso de herbicidas residuales para cada situación.

Diego Ustarroz, especialista del INTA Manfredi, señala que "las malezas que mayores problemas están generando en la provincia de Córdoba son las gramíneas con resistencia al glifosato y en los últimos años se sumó un fuerte incremento de la presencia de yuyo colorado con resistencia a glifosato y a los herbicidas inhibidores de la enzima ALS que son muy utilizados para el control de gramíneas. Esto llevó a que la utilización de herbicidas residuales haya cambiado mucho a partir de las últimas campañas y seguirá esa tendencia en los próximos años".

Marcelo de la Vega, de la Universidad Nacional de Tucumán, considera que por las condiciones climáticas la problemática de las malezas en el NOA "es sensiblemente mayor que en el resto de las regiones agrícolas". Respecto de la utilización de herbicidas residuales, el especialista señala que "actualmente alrededor del 55 al 60% de la superficie agrícola del país es tratada con estos productos". Y agrega que "esto en general se va a incrementar y en el caso de nuestra región una de las causas es el aumento de la presencia de Amaranthus palmeri en los lotes".

Para el sur de la provincia de Buenos Aires, Ramón Gijón señala que el mayor problema de malezas es el raigrás con resistencia a herbicidas. "Sabemos que esta maleza adquiere resistencias múltiples y por eso a nivel mundial es la que ofrece mayor problemática", dice el técnico. "Los lotes con mayores problemas de esta región son aquellos en los que hubo rotaciones con cultivos de gruesa, es decir que se mantuvieron diez o quince años con trigo sobre trigo, o cebada".
Gijón explica que "en los últimos años estamos probando programas de control que incluyen la aplicación de herbicidas residuales, aplicados en presiembra de los cultivos de trigo y cebada, y después se completa el control con graminicidas específicos de los cereales de invierno como pueden ser los inhibidores de ALS".

"Al incluir un herbicida residual -agregó- logramos un control anticipado y de mayor contundencia a la vez que nos da la posibilidad de introducir otros modos de acción para manejar la resistencia a graminicidas".

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