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09/11/2016
La fertilización, un elemento clave en la campaña gruesa
A la hora de la siembra, un certero diagnóstico del nivel de nutrientes en el suelo puede ser fundamental para lograr una mayor eficiencia en la fertilización. Una serie de consejos para que los niveles de rendimiento del maíz y la soja despeguen.

En los últimos años el nivel de reposición de nutrientes en los suelos argentinos se ha ido incrementado y es un signo de aliento positivo. Sin embargo, el balance global indica que los suelos siguen en bajos niveles de nutrientes y los riesgos de una fertilización insuficiente pueden terminar derivando en un grave problema de difícil solución. Algo que deben tomar nota los productores de cara a la próxima campaña gruesa.

"El nitrógeno es sin duda el nutriente con mayor insuficiencia para alcanzar máxima producción, ya sea de maíz o de soja", asegura el ingeniero agrónomo Martín Díaz Zorita. Luego le sigue muy de cerca el fósforo, cuyos bajos niveles limitan la producción en "prácticamente el 60 o 70% del área agrícola". Y más atrás se encuentran el azufre y el zinc, que dependiendo de la región puede llegar a representar "entre un 30 y un 40% de la variabilidad de respuestas de los nutrientes", agrega el especialista.

El director del Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA) de la Universidad de Buenos Aires, Gerardo Rubio, concuerda con el panorama descripto anteriormente, y confirma que el nitrógeno y el fosforo son los nutrientes más críticos y limitantes en la región pampeana. Sin embargo, el investigador señala que aún es reducido en el país el espectro de nutrientes por debajo de la disponibilidad óptima y la situación difiere notablemente de la que viven países vecinos como Brasil: "Allí el déficit es mucho más amplio y las necesidades de fertilización son mayores".

"En Argentina disponemos de buenas prácticas de manejo de la fertilización", indica Díaz Zorita, quien recalca la importancia de no demorar la toma de decisión a la hora de fertilizar un cultivo de siembra tardía. A su vez, recomienda la realización de un diagnóstico temprano de análisis de suelo, con expectativas de producción y niveles esperados de rendimientos históricos, que pueden llegar a explicar en gran medida los resultados finales del cultivo. "Hoy un productor nacional cuenta con la misma información para decidir sus programas de fertilización que un agricultor europeo o americano", agrega Rubio sobre las innumerables herramientas tecnológicas para calcular los niveles de suficiencia y requerimientos de fertilizantes.

A la hora de los consejos puntuales y prácticos de cara a la siembra de la cosecha gruesa, Díaz Zorita afirma que en el caso del maíz el manejo de nitrógeno requiere una atención especial "porque hay que lograr que se incorpore fertilizando antes que el cultivo este en su máxima demanda". Para maíces en fecha de siembra temprana, la ventana o el momento de fertilización "se puede extender hasta algunos estadios vegetativos, entre seis u ocho hojas", siempre que haya una incorporación efectiva por lluvias. En tanto, para los cultivos de siembra demorada es indispensable conocer cuántos kilos de nitrógeno hay al momento de sembrar: "Es para corregirlo y que el fertilizante se incorpore a la planta en la etapa vegetativa, antes de que comience el verano donde es más errática su incorporación". A su vez, agrega que en el caso del cereal "todos los ajustes de base con fósforo y azufre son importantes", mientras que cada vez más se perciben "necesidades de zinc muy consistentes".

Por otro lado, en el caso de la soja también el nitrógeno es el nutriente que más impacta en el resultado del cultivo, pero a la vez su manejo es mucho más simple: "A través de la inoculación el problema de nitrógeno queda en un segundo plano", sentencia el especialista, quien recomienda para esta práctica alcanzar un proceso de calidad y elegir el mejor tratamiento de la semilla.

En lo que respecta a fósforo, Díaz Zorita advierte que más del 50% del área sojera argentina tiene niveles insuficientes para alcanzar altos rendimientos. Pero también asegura que "todavía se está a tiempo para considerar un buen manejo que debería contemplar la fertilización de base, con fósforo y azufre en la medida en que los diagnósticos de suelo así lo recomienden". En ese sentido, Rubio advierte que la dosis de fósforo necesaria dependerá del análisis del suelo obtenido a través del método P Bray. "Llevando los valores de este parámetro a los umbrales críticos (12 ppm soja y 14 ppm maíz) estarían cubiertas las necesidades de cada cultivo. Y concluye que en promedio, para la región pampeana se necesitan unos 4,5 kg de fósforo por hectárea para elevar el P Bray en 1 ppm.

"Lo que estamos viendo es un año con condiciones hídricas en exceso en gran parte de la región, lo que implica pérdidas o lavado de nutrientes móviles, como es el caso de nitrógeno", reflexiona Díaz Zorita acerca de los desafíos que se vislumbran para esta campaña. El asesor e investigador también advierte sobre una situación de oferta moderada baja en promedio de fósforo y azufre para alcanzar altos rendimientos. "Y para las regiones con sistemas intensificados de alta producción, el zinc es un nutriente que empieza a mostrar su limitación", agrega.

"Estamos en un escenario donde las dosis de fertilización para maíz por ejemplo, tanto nitrogenada como con fósforo, son exclusivamente de insuficiencia y en muchos casos restringen la expresión máxima de la producción", señala Díaz Zorita y previene que la mayor condición de riesgo en materia de fertilización es estar por debajo de los requerimientos de los cultivos: "Estamos muy lejos de tener problemas de excesos como se ha visto en otras regiones del mundo".

Por otro lado, Rubio, que además es profesor asociado de la cátedra de "Fertilidad y Fertilizantes" de la FAUBA, agrega que la reposición de nutrientes es uno de los pilares de la sustentabilidad de la producción agrícola del país. Pero también señala que debe estar acompañado por un conjunto de prácticas, y alerta sobre los peligros del monocultivo de soja: "La situación es preocupante porque tenemos dos tercios de la superficie ocupada con soja, con producción de alta rentabilidad pero con escasos aportes de residuos al suelo". De esta manera, Rubio concluye que a las buenas prácticas en fertilización se la debe acompañar con "rotaciones que permitan introducir al suelo importantes cantidades de biomasa, ya sean cultivos de cosecha o de cobertura".

09/11/2016

La fertilización, un elemento clave en la campaña gruesa

A la hora de la siembra, un certero diagnóstico del nivel de nutrientes en el suelo puede ser fundamental para lograr una mayor eficiencia en la fertilización. Una serie de consejos para que los niveles de rendimiento del maíz y la soja despeguen.

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En los últimos años el nivel de reposición de nutrientes en los suelos argentinos se ha ido incrementado y es un signo de aliento positivo. Sin embargo, el balance global indica que los suelos siguen en bajos niveles de nutrientes y los riesgos de una fertilización insuficiente pueden terminar derivando en un grave problema de difícil solución. Algo que deben tomar nota los productores de cara a la próxima campaña gruesa.

"El nitrógeno es sin duda el nutriente con mayor insuficiencia para alcanzar máxima producción, ya sea de maíz o de soja", asegura el ingeniero agrónomo Martín Díaz Zorita. Luego le sigue muy de cerca el fósforo, cuyos bajos niveles limitan la producción en "prácticamente el 60 o 70% del área agrícola". Y más atrás se encuentran el azufre y el zinc, que dependiendo de la región puede llegar a representar "entre un 30 y un 40% de la variabilidad de respuestas de los nutrientes", agrega el especialista.

El director del Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA) de la Universidad de Buenos Aires, Gerardo Rubio, concuerda con el panorama descripto anteriormente, y confirma que el nitrógeno y el fosforo son los nutrientes más críticos y limitantes en la región pampeana. Sin embargo, el investigador señala que aún es reducido en el país el espectro de nutrientes por debajo de la disponibilidad óptima y la situación difiere notablemente de la que viven países vecinos como Brasil: "Allí el déficit es mucho más amplio y las necesidades de fertilización son mayores".

"En Argentina disponemos de buenas prácticas de manejo de la fertilización", indica Díaz Zorita, quien recalca la importancia de no demorar la toma de decisión a la hora de fertilizar un cultivo de siembra tardía. A su vez, recomienda la realización de un diagnóstico temprano de análisis de suelo, con expectativas de producción y niveles esperados de rendimientos históricos, que pueden llegar a explicar en gran medida los resultados finales del cultivo. "Hoy un productor nacional cuenta con la misma información para decidir sus programas de fertilización que un agricultor europeo o americano", agrega Rubio sobre las innumerables herramientas tecnológicas para calcular los niveles de suficiencia y requerimientos de fertilizantes.

A la hora de los consejos puntuales y prácticos de cara a la siembra de la cosecha gruesa, Díaz Zorita afirma que en el caso del maíz el manejo de nitrógeno requiere una atención especial "porque hay que lograr que se incorpore fertilizando antes que el cultivo este en su máxima demanda". Para maíces en fecha de siembra temprana, la ventana o el momento de fertilización "se puede extender hasta algunos estadios vegetativos, entre seis u ocho hojas", siempre que haya una incorporación efectiva por lluvias. En tanto, para los cultivos de siembra demorada es indispensable conocer cuántos kilos de nitrógeno hay al momento de sembrar: "Es para corregirlo y que el fertilizante se incorpore a la planta en la etapa vegetativa, antes de que comience el verano donde es más errática su incorporación". A su vez, agrega que en el caso del cereal "todos los ajustes de base con fósforo y azufre son importantes", mientras que cada vez más se perciben "necesidades de zinc muy consistentes".

Por otro lado, en el caso de la soja también el nitrógeno es el nutriente que más impacta en el resultado del cultivo, pero a la vez su manejo es mucho más simple: "A través de la inoculación el problema de nitrógeno queda en un segundo plano", sentencia el especialista, quien recomienda para esta práctica alcanzar un proceso de calidad y elegir el mejor tratamiento de la semilla.

En lo que respecta a fósforo, Díaz Zorita advierte que más del 50% del área sojera argentina tiene niveles insuficientes para alcanzar altos rendimientos. Pero también asegura que "todavía se está a tiempo para considerar un buen manejo que debería contemplar la fertilización de base, con fósforo y azufre en la medida en que los diagnósticos de suelo así lo recomienden". En ese sentido, Rubio advierte que la dosis de fósforo necesaria dependerá del análisis del suelo obtenido a través del método P Bray. "Llevando los valores de este parámetro a los umbrales críticos (12 ppm soja y 14 ppm maíz) estarían cubiertas las necesidades de cada cultivo. Y concluye que en promedio, para la región pampeana se necesitan unos 4,5 kg de fósforo por hectárea para elevar el P Bray en 1 ppm.

"Lo que estamos viendo es un año con condiciones hídricas en exceso en gran parte de la región, lo que implica pérdidas o lavado de nutrientes móviles, como es el caso de nitrógeno", reflexiona Díaz Zorita acerca de los desafíos que se vislumbran para esta campaña. El asesor e investigador también advierte sobre una situación de oferta moderada baja en promedio de fósforo y azufre para alcanzar altos rendimientos. "Y para las regiones con sistemas intensificados de alta producción, el zinc es un nutriente que empieza a mostrar su limitación", agrega.

"Estamos en un escenario donde las dosis de fertilización para maíz por ejemplo, tanto nitrogenada como con fósforo, son exclusivamente de insuficiencia y en muchos casos restringen la expresión máxima de la producción", señala Díaz Zorita y previene que la mayor condición de riesgo en materia de fertilización es estar por debajo de los requerimientos de los cultivos: "Estamos muy lejos de tener problemas de excesos como se ha visto en otras regiones del mundo".

Por otro lado, Rubio, que además es profesor asociado de la cátedra de "Fertilidad y Fertilizantes" de la FAUBA, agrega que la reposición de nutrientes es uno de los pilares de la sustentabilidad de la producción agrícola del país. Pero también señala que debe estar acompañado por un conjunto de prácticas, y alerta sobre los peligros del monocultivo de soja: "La situación es preocupante porque tenemos dos tercios de la superficie ocupada con soja, con producción de alta rentabilidad pero con escasos aportes de residuos al suelo". De esta manera, Rubio concluye que a las buenas prácticas en fertilización se la debe acompañar con "rotaciones que permitan introducir al suelo importantes cantidades de biomasa, ya sean cultivos de cosecha o de cobertura".

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