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26/05/2017
Intensificación agrícola herramienta para el exceso hídrico
Gustavo Ferraris, investigador de nutrición de cultivos, fertilidad de suelos y agricultura de precisión de la Estación Experimental INTA Pergamino, revela algunas alternativas de manejo acordes con la etapa de abundancia de agua que vive una vasta región agrícola de la Argentina. "Un cultivo de verano consume entre 500 y 600 milímetros. La lluvia media de los últimos cinco años ha sido de 1.300 mm".

El gran caudal de lluvias ocurridas en los últimos períodos viene proyectando una película que se repite: ascenso de napas, encharcamientos y saturación de los suelos. Aunque se trata de un problema que requiere múltiples abordajes, un manejo agronómico sustentable con rotaciones y cultivos de cobertura adecuados puede ser una alternativa que sintonice con la situación.

Nidera Semillas consultó sobre el tema a Gustavo Ferraris, ingeniero agrónomo e investigador de nutrición de cultivos, fertilidad de suelos y agricultura de precisión de la Estación Experimental INTA Pergamino. En su opinión, la clave radica en "tratar de consumir o utilizar" el exceso de agua que presentan los lotes afectados por las precipitaciones. El especialista, que trabaja en la zona del norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, aconseja mantener cultivados "la mayor cantidad de tiempo posible" los lotes.

- Entonces, ¿Cuál es la estrategia recomendada para capturar el agua del suelo?
- Desde el punto de vista agronómico se busca transformar la abundante presencia de agua en carbono. Y esto se logra implantando cultivos a lo largo de todo el año. Trigo y cebada pueden ser un ejemplo, o un cultivo de cobertura que se transforma en biomasa y después vuelve al suelo reciclando agua y nutrientes. Se desaconsejan los períodos largos de barbecho sin ocupación del suelo, como pasar de la cosecha gruesa a un cultivo de maíz. Un cultivo de verano consume entre 500 y 600 milímetros, y la lluvia media de los últimos cinco años ha sido de 1.300 mm. Haciendo doble cultivo podemos llevar el consumo de agua a 900 milímetros. Esta es la herramienta agronómica que tenemos a mano para mitigar en alguna medida los excesos hídricos.

- ¿Cuál es la secuencia de cultivos más recomendable?
- La secuencia típica, sobre todo para el productor que trabaja en campo propio, es trigo-soja como doble cultivo para después pasar a un maíz temprano, de siembra tradicional de septiembre, y luego soja de primera. Ahora, lo que se está tratando es de incorporar un cultivo de cobertura entre la cosecha de maíz (que se suele hacer a fines de marzo y abril) y la siembra de soja en noviembre. Un ejemplo de una rotación más intensiva sería trigo-soja, maíz, después una legumbre de invierno o cebada, para nuevamente volver a la soja de primera. Es decir, debemos lograr la mayor cantidad de cultivos posible por unidad de tiempo y superficie, acortando los períodos de barbecho. También se puede incorporar algún cultivo de cobertura como puede ser la asociación de avena con vicia o avena pura. Hay que darle sumo valor a los cultivos de invierno porque son los que permiten ocupar el suelo, desplazar malezas, fijar carbono, evitar escurrimiento, impedir la erosión y consumir el agua antes de que llegue el verano.

-¿Y cómo debería ir acompañada esta estrategia desde el punto de vista de la nutrición?
-Eso va a depender un poco de cuales sean los objetivos. Si es un cultivo de invierno como trigo, hoy en la región se está ajustando el manejo de nitrógeno, fósforo, azufre y en caso de notarlo deficiente, también zinc. O sea, son cuatro elementos y el nitrógeno, ya que dado los grandes excedentes y la gran recarga que hay en el suelo se los está tratando de manejar de manera dividida: un porcentaje a la siembra, al momento de la implantación, y luego un reajuste durante el ciclo de cultivo. Este reajuste se realiza utilizando una herramienta que nos sirva para cuantificar el nivel de deficiencia y necesidad de nitrógeno. Se están usando muchas herramientas del tipo visuales, como índices verdes. En el caso de los cultivos de cobertura se trata de reforzar el fósforo de modo de agregar nutrición al cultivo de verano. A su vez, si no se realiza una adecuada fertilización de los cultivos de cobertura se produce escasa biomasa, con lo cual el consumo hídrico termina siendo bajo y en definitiva no aporta al objetivo prestablecido.

-¿Cómo cierra el resultado económico de este manejo más intensivo?
-En general, con una buena disponibilidad hídrica hay muchas chances de que esos cultivos sean exitosos. En el trigo y la cebada, básicamente la variable que más explica el rendimiento es el contenido de agua en suelo a la siembra, a diferencia de los cultivos de verano que dependen del agua de las lluvias. Entonces la recarga de perfil que presenta actualmente la zona en realidad se transforma en un crédito a favor del rendimiento. Cabe la salvedad de que en algunos casos la situación ya se transforma en un exceso, por eso la elección de un ambiente con buen drenaje y escurrimiento se vuelve muy importante. Es decir, yo creo que al menos en la zona núcleo durante este año es importante una pormenorizada elección de los ambientes y descartar para la siembra aquellos que tengan un exceso hídrico excesivo, porque fácilmente pueden llegar a una situación de encharcamiento y pérdida de los lotes.

-Para ganarle al exceso de lluvias, ¿cuáles son las fechas más recomendadas para la siembra de granos gruesos?
- Nosotros tenemos un balance positivo generalmente en la primavera y en el otoño. En los últimos años, por ejemplo, el mes de abril venía resultando crítico por la magnitud y cantidad de días con lluvias. De modo que la cosecha temprana siempre es un beneficio. En ese sentido, en los años de alta humedad el maíz de siembra temprana se comporta mejor, ya que posee un mayor potencial de rendimiento y sobre todo una cosecha más segura. Lo mismo pasa con las siembras tempranas de soja hacia el mes de octubre. De modo que siempre las siembras tempranas, cuando el ambiente lo permita, son las más recomendadas porque tienen más potencial de rendimiento, aunque son un poco más exigentes en cuanto a control de malezas y fertilización.

- ¿Las raíces (en especial las de maíz) tienen mayor poder de exploración y anclaje en suelos secos o en suelos húmedos?
- El mayor desarrollo de las raíces se da en situación de suelos húmedos (no con exceso de agua) pero cuando hay presencia de oxígeno. El crecimiento de las raíces es un proceso aeróbico. Cuando los suelos superan su capacidad de campo y tienen todos los poros llenos de agua, el crecimiento se ve interrumpido, el anclaje de las raíces se ve desfavorecido y el sostén es menor. Para que haya una buena exploración de las raíces debe haber un contenido intermedio de humedad. Cuando el suelo está húmedo, la resistencia a la penetración es menor comparado a lo que ocurre en un suelo seco.

26/05/2017

Intensificación agrícola herramienta para el exceso hídrico

Gustavo Ferraris, investigador de nutrición de cultivos, fertilidad de suelos y agricultura de precisión de la Estación Experimental INTA Pergamino, revela algunas alternativas de manejo acordes con la etapa de abundancia de agua que vive una vasta región agrícola de la Argentina. "Un cultivo de verano consume entre 500 y 600 milímetros. La lluvia media de los últimos cinco años ha sido de 1.300 mm".

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El gran caudal de lluvias ocurridas en los últimos períodos viene proyectando una película que se repite: ascenso de napas, encharcamientos y saturación de los suelos. Aunque se trata de un problema que requiere múltiples abordajes, un manejo agronómico sustentable con rotaciones y cultivos de cobertura adecuados puede ser una alternativa que sintonice con la situación.

Nidera Semillas consultó sobre el tema a Gustavo Ferraris, ingeniero agrónomo e investigador de nutrición de cultivos, fertilidad de suelos y agricultura de precisión de la Estación Experimental INTA Pergamino. En su opinión, la clave radica en "tratar de consumir o utilizar" el exceso de agua que presentan los lotes afectados por las precipitaciones. El especialista, que trabaja en la zona del norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, aconseja mantener cultivados "la mayor cantidad de tiempo posible" los lotes.

- Entonces, ¿Cuál es la estrategia recomendada para capturar el agua del suelo?
- Desde el punto de vista agronómico se busca transformar la abundante presencia de agua en carbono. Y esto se logra implantando cultivos a lo largo de todo el año. Trigo y cebada pueden ser un ejemplo, o un cultivo de cobertura que se transforma en biomasa y después vuelve al suelo reciclando agua y nutrientes. Se desaconsejan los períodos largos de barbecho sin ocupación del suelo, como pasar de la cosecha gruesa a un cultivo de maíz. Un cultivo de verano consume entre 500 y 600 milímetros, y la lluvia media de los últimos cinco años ha sido de 1.300 mm. Haciendo doble cultivo podemos llevar el consumo de agua a 900 milímetros. Esta es la herramienta agronómica que tenemos a mano para mitigar en alguna medida los excesos hídricos.

- ¿Cuál es la secuencia de cultivos más recomendable?
- La secuencia típica, sobre todo para el productor que trabaja en campo propio, es trigo-soja como doble cultivo para después pasar a un maíz temprano, de siembra tradicional de septiembre, y luego soja de primera. Ahora, lo que se está tratando es de incorporar un cultivo de cobertura entre la cosecha de maíz (que se suele hacer a fines de marzo y abril) y la siembra de soja en noviembre. Un ejemplo de una rotación más intensiva sería trigo-soja, maíz, después una legumbre de invierno o cebada, para nuevamente volver a la soja de primera. Es decir, debemos lograr la mayor cantidad de cultivos posible por unidad de tiempo y superficie, acortando los períodos de barbecho. También se puede incorporar algún cultivo de cobertura como puede ser la asociación de avena con vicia o avena pura. Hay que darle sumo valor a los cultivos de invierno porque son los que permiten ocupar el suelo, desplazar malezas, fijar carbono, evitar escurrimiento, impedir la erosión y consumir el agua antes de que llegue el verano.

-¿Y cómo debería ir acompañada esta estrategia desde el punto de vista de la nutrición?
-Eso va a depender un poco de cuales sean los objetivos. Si es un cultivo de invierno como trigo, hoy en la región se está ajustando el manejo de nitrógeno, fósforo, azufre y en caso de notarlo deficiente, también zinc. O sea, son cuatro elementos y el nitrógeno, ya que dado los grandes excedentes y la gran recarga que hay en el suelo se los está tratando de manejar de manera dividida: un porcentaje a la siembra, al momento de la implantación, y luego un reajuste durante el ciclo de cultivo. Este reajuste se realiza utilizando una herramienta que nos sirva para cuantificar el nivel de deficiencia y necesidad de nitrógeno. Se están usando muchas herramientas del tipo visuales, como índices verdes. En el caso de los cultivos de cobertura se trata de reforzar el fósforo de modo de agregar nutrición al cultivo de verano. A su vez, si no se realiza una adecuada fertilización de los cultivos de cobertura se produce escasa biomasa, con lo cual el consumo hídrico termina siendo bajo y en definitiva no aporta al objetivo prestablecido.

-¿Cómo cierra el resultado económico de este manejo más intensivo?
-En general, con una buena disponibilidad hídrica hay muchas chances de que esos cultivos sean exitosos. En el trigo y la cebada, básicamente la variable que más explica el rendimiento es el contenido de agua en suelo a la siembra, a diferencia de los cultivos de verano que dependen del agua de las lluvias. Entonces la recarga de perfil que presenta actualmente la zona en realidad se transforma en un crédito a favor del rendimiento. Cabe la salvedad de que en algunos casos la situación ya se transforma en un exceso, por eso la elección de un ambiente con buen drenaje y escurrimiento se vuelve muy importante. Es decir, yo creo que al menos en la zona núcleo durante este año es importante una pormenorizada elección de los ambientes y descartar para la siembra aquellos que tengan un exceso hídrico excesivo, porque fácilmente pueden llegar a una situación de encharcamiento y pérdida de los lotes.

-Para ganarle al exceso de lluvias, ¿cuáles son las fechas más recomendadas para la siembra de granos gruesos?
- Nosotros tenemos un balance positivo generalmente en la primavera y en el otoño. En los últimos años, por ejemplo, el mes de abril venía resultando crítico por la magnitud y cantidad de días con lluvias. De modo que la cosecha temprana siempre es un beneficio. En ese sentido, en los años de alta humedad el maíz de siembra temprana se comporta mejor, ya que posee un mayor potencial de rendimiento y sobre todo una cosecha más segura. Lo mismo pasa con las siembras tempranas de soja hacia el mes de octubre. De modo que siempre las siembras tempranas, cuando el ambiente lo permita, son las más recomendadas porque tienen más potencial de rendimiento, aunque son un poco más exigentes en cuanto a control de malezas y fertilización.

- ¿Las raíces (en especial las de maíz) tienen mayor poder de exploración y anclaje en suelos secos o en suelos húmedos?
- El mayor desarrollo de las raíces se da en situación de suelos húmedos (no con exceso de agua) pero cuando hay presencia de oxígeno. El crecimiento de las raíces es un proceso aeróbico. Cuando los suelos superan su capacidad de campo y tienen todos los poros llenos de agua, el crecimiento se ve interrumpido, el anclaje de las raíces se ve desfavorecido y el sostén es menor. Para que haya una buena exploración de las raíces debe haber un contenido intermedio de humedad. Cuando el suelo está húmedo, la resistencia a la penetración es menor comparado a lo que ocurre en un suelo seco.

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